martes, 11 de diciembre de 2012

Imagen y Pedagogía. Javier Arévalo Zamudio



La temática central de este escrito es el papel educativo que una imagen puede desempeñar en el proceso de construcción de significado en un conjunto de educandos.
El trabajo presenta en primera instancia la idea de que poseemos imágenes (una imagen puede no ser exclusivamente visual) sonoras desde antes de nuestro nacimiento. Este estímulo no significa que podamos comprender lo que ocurre en nuestro entorno, sino que toma el hecho en si: se tiene contacto directo o indirecto con una imagen aún antes de poder tomar conciencia de ello.
Acto seguido, se acepta que el campo de estudio es vasto, y que el enfoque se concetrará en el papel de la imagen visual en la situación educativa y el funcionamiento de las imágenes en los medios que nos valemos para desarrollar la labor en el aula. Para destacar la importancia de problematizar esta situación se basa en la falaz afirmación: "una imagen vale más que mil palabras". Lo que el autor dice sobre esta proposición es que, justamente, el carácter ambiguo y la imprecisión que representa una imagen suelta, requieren de un estudio desde la pedagogía.
A continuación, se ingada en el uso o la función de las imágenes en el pasado: destaca el empleo de éstas en el adoctrinamiento religioso e ideológico de grandes masas de iletrados. Y le llama la atención que el universo de la educación se demuestre reticente en cuanto a una ejercitación conciente del "ojo" del estudiante, como si quedara en el aire aquella vieja relación entre la imagen y la ignorancia. Critica a los medios de comunicación como la fotografía, el cine, los carteles, que gozan de una fuerte influencia hacia el espectáculo y el divertimiento. Al respecto, como nota de color se recomienda leer la magnífica obra de Guy Debord, "La sociedad del espectáculo" donde se hace una mirada sociológica del uso y función de las imágenes en una sociedad capitalista y ultra mediatizada.
Siguiendo con su análisis, el autor se centrará en la imagen en sí. La caracterizará como representanción parcial de la realidad, cuya interpretación representa, en princio, un problema para nosotros: dependerá entonces del grado de competencias que se posean para adquirir una significación mayor. Entonces, significación e interpretación se complementan gracias a los elementos presentes en la imagen , y a aquellos que formar parte de nuestra mente, ausentes. Esta consideración es necesaria a la hora de seleccionar una pieza, ya que se debe tener en cuenta hacia quién va dirigida la misma.
Clasifica las imágenes en dos grupos: las de significado único y las polisémicas. En cualquiera de los casos, se debe tener algún tipo de control en sobre el significado puesto que esto es lo que hace a una imagen efectiva.
Es posible educar CON la imagen: acercando a nuestra percepción hechos que nos son lejanos a priori, como la metamorfosis de una mariposa, donde es posible experimentar la sucesión del tiempo.
Por otro lado, se puede educar PARA las imágenes: se debe, en este caso, entrenar la visión para poder bucear intelectualmente en la pieza, identificando su estructura interna como así también los públicos que consumen/producen dicho material. Lo que marca la regla general es que la escuela no nos forma PARA la imagen, sino que la educación formal está plagada de usos CON ellas.
Pero, ¿por dónde empezar? abordar una educación PARA la imagen es un proceso complicado, que nos lleva a un conjunto de interrogantes tales como:
a) quién y por qué se realiza una imagen;
b) qué tipo de soporte se utiliza;
c) qué y cómo lo representa;
d) función y resultado de la imagen.
Luego de hacer un punteo sobre los componentes de cada inciso, el Zamudio desplaza la mirada hacia una vieja contienda entre quienes creen que el estudio abocado de la imagen es cosa de ociosos o de una relevancia menor, y entre aquellos que se han esforzado por teorizar sobre estos mismos aspectos. Lo que resume la cuestión es que se trata de una competencia compartida y significa un lenguaje más de los que se dispone para expresarse y jugar.
No sólo existen imágenes del tipo visual (idea inicialmente implantada) sino que la importancia de las imágenes sonoras, por ejemplo, es de una relevancia considerable en cuanto a educación se refiere. Lo que remarca el autor es su caracter de "imagen mental" y que en ambos casos, esto conlleva un pensamiento y procesamiento de las mismas.
Resalta ciertas características sobre la imagen; tales como su virtud a la hora de demostrar ciertos detalles o ilustrar una idea (que no es lo mismo que ilustrar un mapa), y su capacidad explicativa. Del mismo modo, la imagen puede ser analítica.
La imagen es emotiva, provoca la emergencia de los deseos más íntimos y de las aversiones más escondidas por su aspecto analógico, es decir, su semejanza con el mundo real. También poseen la pecualiridad de reflejar emociones humanas. Otra virtud es su capacidad para esquematizar, su caracter representativo.
Se dice en la página 30 es que "(...) la imagen es discurso, retórica y construcción del individuo", aquí es donde se toca con la teoría de Guy Debord, puesto que se sostiene la idea de que no son los individuos en su estado puro de libertad los que se relacionan, sino que necesitan de la interacción de las imágenes para efectivizar sus propios lazos humanos. Una verdadera espectacularización de la vida real en una vida de engaño y apariencias. El reto del docente es, en todo caso, poder direccionar estas intencionalidades y dirigirlas en pos de sus intereses, que en definitiva representan a los de alumnos.
No se debe olvidar la cualidad de abstracción presente en las imágenes. Esto constituye la base del pensamiento estético, lógico y científico y pueden ser entrenados.
Por último, la imagen representa una síntesis: como ya hemos mencionado su naturaleza dual: de elementos ausentes y de aquellos que se instalan por medio de nuestra mente, por medio de la evovación, confluye en una unidad de significado. Se utiliza la metáfora del "rompecabezas" para aproximarnos a esta idea de conformación de un significado construido a partir de diversos elementos independientes entre sí.
Para cerrar su trabajo, el autor nos demuestra que esta idea de "pensar" (concientemente) las imágenes no es algo que se diera naturalmente a lo largo de la humanidad, sino que fue el fruto del trabajo intelectual a lo largo del tiempo. Anteriormente, los símbolos emitidos por los medios de comunicación pudieron ser leídos erroneamente, o incomprendidos. La continua ejercitación en la interpretación y estudio de esta consciencia analítica dio como resultado que se generara todo un cuerpo teórico alrededor de la imagen. Asimismo, contrasta el terreno "fértil" presente en un niño en contraposición a una mente ya cargada de un adulto y su consecuente síntomatología: en ocasiones, un exceso de información puede causar una actitud pasiva por parte de nosotros, limitando nuestra participación en el proceso de aprendizaje, vasta con ejemplificar el uso de la tv o la radio como meros escuchas pero vacíos de reflexión.


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